La investigadora del subprograma Agronomía de la Caña de Azúcar de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) Fernanda Leggio indicó que la zafra se encuentra en una etapa avanzada y que, durante esta campaña, la floración se presenta en gran parte de los cañaverales de Tucumán. A esta situación se suman las abundantes precipitaciones registradas durante la campaña, que en distintos sectores dificultaron el acceso de los equipos y condicionaron el avance de la cosecha.

En este contexto, la presencia de caña florecida plantea algunas cuestiones que conviene tener en cuenta a medida que avanza la zafra. Más que preguntarse solamente qué efecto produce la floración sobre la planta, resulta importante considerar cómo puede evolucionar un lote florecido mientras permanece en el campo y cuánto tiempo transcurrirá hasta su cosecha.

La floración no significa necesariamente que la caña pierda calidad de manera inmediata. Luego de la emisión de la inflorescencia, el crecimiento del tallo principal se detiene y, durante un período, puede continuar la acumulación de sacarosa. Sin embargo, con el paso del tiempo comienzan a producirse cambios en los tallos, una pérdida progresiva de hojas y modificaciones en su estructura, asociados al proceso de envejecimiento de la planta. La velocidad con que ocurren estos cambios depende del estado del cañaveral y de las condiciones ambientales.

Por eso, hacia el final de la zafra, el tiempo que una caña florecida permanece en el campo adquiere especial importancia. Una demora de algunas semanas no necesariamente tendrá las mismas consecuencias que una permanencia prolongada durante varios meses. Más que establecer un período determinado después de la floración a partir del cual la caña necesariamente pierde calidad, resulta más apropiado observar cómo evoluciona cada lote y cuánto tiempo se estima que permanecerá sin cosechar.

A medida que pasa el tiempo pueden producirse modificaciones en el peso y en el estado de los tallos. Por eso, cuando la cosecha se demora, resulta conveniente prestar atención no solamente a la presencia de floración, sino también a la evolución que presenta el lote.

En los cañaverales que permanecen durante períodos prolongados pueden observarse, además, cambios en la estructura de la planta. El tallo principal que floreció no retoma su crecimiento vegetativo normal. Con el tiempo puede perder hojas y avanzar hacia la senescencia, mientras que las yemas laterales pueden originar nuevos brotes con hojas. Estos brotes pueden mantener cierta actividad fotosintética y contribuir a la conservación de biomasa, aunque presentan características diferentes de los tallos maduros originales. Su aparición, por lo tanto, no significa que el tallo florecido haya retomado su crecimiento normal.

En esta etapa de la zafra, las condiciones de piso, la accesibilidad de los lotes y la posibilidad de ingreso de los equipos pueden modificar los tiempos previstos para la cosecha. Por eso, en los lotes florecidos cuya cosecha pueda demorarse, puede resultar útil llevar un registro sencillo que incluya la fecha aproximada de floración, el estado actual del lote, el tiempo transcurrido y la fecha estimada de cosecha, e incorporar las observaciones realizadas durante las recorridas. Cuando se disponga de información de peso o de calidad, estos datos también pueden contribuir al seguimiento.

Comparar la situación del lote a lo largo del tiempo permite prestar atención a cambios en el estado de los tallos, a la pérdida de hojas, a la aparición de brotes laterales o a otros signos de deterioro, y relacionarlos con el tiempo que lleva en el campo.